previous arrow
next arrow
Slider

Federico Frangi

Se necesita tiempo para mirar. En el año 2015, tras un largo viaje por India en motocicleta -6 meses / 10.000 kilómetros- me reencontré con la niña nómada que retraté en 2009 en el transcurso de otro de mis viajes. 
Todo iba bien hasta que, a medida que me acercaba a lo que sería este encuentro, empecé a tener problemas con mi cámara fotográfica.

No fui capaz de ver, en India, la dimensión de lo que había ocurrido.
Lo supe semanas después cuando, a mi regreso a Barcelona, empecé a revelar los carretes. 
Ver lo que había sucedido fue, para mí, doloroso y muy decepcionante. 
No había en las fotografías nada de lo que deseaba ver con tanta expectación.
Sólo fallos, errores, múltiples exposiciones fuera de control y, por encima de todo, la sensación de haber perdido el tiempo, de haber perdido recursos.

En el año 2018, relacionando estas “imágenes fallidas” con las realizadas en otros años, tuve la íntima sensación de que quizás no había errado tanto.  
El potencial narrativo de las imágenes se rebeló como algo más fuerte que la imagen en sí. 
Y miré las imágenes con otros ojos.

Fue así como regresé al silencio de la inmensidad de los espacios sobrecogedores que dan lugar a la duda de la propia existencia y a entender que, tras el azar, la sincronicidad de sucesos, lo no casual y lo que escapa del control habita el alma del mundo donde me gusta vivir.

En 2009, Federico Frangi, un diseñador argentino radicado en Barcelona, realizó un viaje muy particular durante el cual recorrió en moto la región de Ladakh, en el extremo norte de la India.
El contacto con la cultura de los pueblos nómadas de la zona le impactó tan profundamente que decidió retratarlos. Fue su primera experiencia con la fotografía, cristalizada en el ensayo On the top of the World, que lo impulsó a dedicarse de lleno a ella, abandonando el diseño. En 2012 inició un nuevo viaje: con su moto Royal Enfield partió de Delhi, atravesó Nepal, Sikkim y llegó a Bután, para volver a Delhi, en una travesía de cerca de seis mil kilómetros, en la que registró con su cámara el vínculo con lo espiritual y el contacto con los pueblos que viven a los pies del Himalaya. Las imágenes muestran a hombres y mujeres trabajando de igual modo que hace siglos, sin incorporar maquinarias, con una forma básica en la que no hay reemplazo para la energía del cuerpo ni para las manos del trabajador.
Frangi compartió con esta gente su sacrificada cotidianidad, sus momentos de silencio y meditación, su ingenuidad y su sabiduría. El resultado final es este ensayo, que propone asimismo un simbólico “ida y vuelta” en el tiempo. Porque, si bien las tomas fueron realizadas con cámaras analógicas, los negativos fueron luego digitalizados para ser copiados con la moderna tecnología ink-jet en papel de arroz artesanal, fabricado a mano en Nepal. Esto le otorga un sello particular al trabajo, que adquiere una textura y un rendimiento del color alejado de lo habitual, apastelado y muy poco saturado. El efecto de nitidez queda reducido y las imágenes adquieren así un grado de atemporalidad que, junto con el uso de los materiales empleados, induce a pensar en el vínculo entre el tiempo, las diversas tecnologías y su importancia en los procesos históricos.

 

Compartir