Igor Kostin, los ojos de Chernóbil

 

Al día siguiente de la explosión del reactor número 4 de la central nuclear de Vladímir Iluch Lenin, en Chernóbil, el fotorreportero Igor Kostin fue enviado a la zona. Entonces trabajaba para la agencia de noticias Novosti, para quien había cubierto conflictos bélicos en Vietnam y Afganistán. Por aquel entonces, Kostin ignoraba que lo que estaba a punto de ver a través de su cámara, exponiéndose a la radioactividad del lugar, cambiaría su vida y su salud. Tampoco sabía entonces que lo que vería formaría parte de la historia de la humanidad ni que, de hecho, acabaría en una miniserie de HBO que se inspira en sus fotografías y en fragmentos del Premio Nobel de Literatura Svetlana Aleksiévich, por su Voces de Chernóbil.

 

 

Igor Kostin Retrato

 

Igor Kostin fue el primer fotógrafo enviado al desastre nuclear. Nadie más estuvo allí sacando fotos al día siguiente del accidente en Chernóbil. Tomó fotos desde un helicóptero de lo que quedó del reactor número 4, sin saber que se estaba exponiendo a una enorme radiación. De hecho, desde aquel 26 de abril de 1986, Kostin tuvo que tratarse toda su vida debido a la exposición a la radiación en hospitales de Kiev, Moscú e Hiroshima. El fotorreportero también escribiría un libro, Chernóbil, confesiones de un reportero, en el que explica que el desastre nuclear le cambió la vida.

Las fotografías de Igor Kostin son impactantes, destacan por los protagonistas que aparecen en ellas: personas con chalecos y máscaras buscando vida entre los escombros y sacando peces muertos del mar; una persona paseando un carrito con un bebé también con la máscara (es la foto de portada de su libro); un médico tratando un paciente tumbado en una cama y aislado con una especie de cortina de plástico. Pero sin duda, las fotos más escalofriantes son las de las consecuencias sobre las vidas humanas: una de las fotos es la de un niño de pocos años jugando con una pelota.

 

“El niño de Chernóbil”

 

El niño de Chernóbil

 

Kostin descubrió a este chico en 1988, en un orfanato de Bielorrusia. La foto fue publicada en la prensa local del país bajo el título “el niño de Chernóbil”: un niño que nació sin un brazo, con las piernas cortas, jugando con una pelota. Posteriormente, la foto se imprimiría en la revista alemana Stern y se convertiría en una de las fotos más conocidas tras el desastre. El chico que nació sin brazos debido a la radiación a la que se expuso su madre durante la catástrofe de Chernóbil sería adoptado, años después, por una familia británica.

No existe una amplia hemeroteca audiovisual del accidente de Chernóbil: películas y carretes también sufrieron las consecuencias de la radiación, por lo que muchas de las imágenes que se consiguieron fueron imposibles de conservar o de revelar. La primera foto que se tomó, desde el helicóptero, fue la de Igor Kostin: lo que quedaba del reactor RBMK-100 eran los escombros y parte de la estructura. Los vídeos que se conservan muestran pequeños destellos de luz: es la radiación, visible a través de la lente de la cámara.

El accidente de Chernóbil se convirtió en uno de los hechos más estremecedores de la historia de la humanidad. Fue el accidente nuclear más grave, por delante de otros como el de Goiânia en 1987 (Brasil), el de Buenos Aires en 1983 (Argentina), el de Saint-Laurent en 1969 (Francia) y el de Fukushima en 2011 (Japón).

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