Por Pablo Pérez-Mínguez. Pedro Almodóvar y Fabio McNamara. 1981

PHOTOESPAÑA 2021. La Movida revisitada por Pablo Pérez-Mínguez

El Centro de Arte Alcobendas recoge la muestra de retratos del fotógrafo Pablo Pérez-Mínguez, que se podrá visitar hasta el próximo 29 de julio.

Texto de: José Tono Martínez, comisario de la exposición presentada en el Centro de Arte de Alcobendas.

Pablo Pérez-Mínguez o P.P.M., como le gustaba firmar sus trabajos (1946-2012), Premio Nacional de Fotografía 2006, fue uno de los artistas y fotógrafos más relevantes del último cuarto del siglo XX en España, cuando a partir de 1975 se inicia una transición política y cultural radical de la que él forma parte protagonista, como artista, como agitador, como aglutinador y como persona, generosa, divertida y siempre invitante a sus proyectos, como Photocentro, y a sus revistas, como Nueva Lente, por poner dos ejemplos emblemáticos.

P.P.M. fue antes que nada un gran retratista y así se sentía él, y me siento feliz de haber podido interpretar su legado como retratista de una época irrepetible y contundente, pues no hay nada más detestable que aquel que trata de corregir o enmendar lo que el artista que se ha ido quiso y defendió. Como asiduo visitante que era del Museo del Prado admiraba y evocaba en sus retratos la contundencia de las escenas, los juegos de luces y la verticalidad de los grandes retratistas del barroco. Así, por tanto, como retratista, es como a él gustaba verse y pensarse. Para Pablo, fotografiar era participar de una ceremonia de posesión articulada en torno a “un poder hipnótico” que le permitía producir el retrato. Pablo disfrutaba de ese “fantástico poder de fascinación” con el que desnudaba el alma de aquellos que se ponían a su disposición. Porque para P.P.M. la fotografía era vida, happening, algo antiestático y mágico que convertía a su famoso estudio de la calle Monte Esquinza en »una mezcla de Freud y de Cabaret». Su lema favorito era »Hay que vivir la fotografía».

Los años del cambio político en los 70, con sus esperanzas, su destape y su desencanto; los felices años 80 y lo que luego se llamó La Movida, de cuyo ambiente festivo y transgresor fue el mejor cronista y partícipe; la irrupción de la Generación Y del Milenio lanzada sobre un Fin de Siglo que se lo prometía todo, sin saber lo que venía después: todo ello pasa por el estudio de P.P.M. Hace muchos años escribí una frase que se hizo viral: “Si viviste los Ochenta y te acuerdas, es que no los viviste”. Gracias a P.P.M. el retrato personal y colectivo de aquellos años ha quedado fijado en el tiempo, y lo podemos recordar, y las futuras generaciones, como ya lo hacen hoy, tendrán que venir a bucear entre sus miles de negativos para entender aquel periodo mágico de creación y transgresión que cambió la vieja imagen casposa de aquella España rancia y cateta que el franquismo nos había dejado como legado. Entre la revista Nueva Lente que él creó junto a otros amigos y La Luna de Madrid con la que él colaboró durante años, todo lo que estaba bien atado, quedó desatado, para siempre. (1)

He aludido a Pablo como retratista principal. Me gustaría extenderme en este concepto. Porque si Robert Frank retrata a Los Americanos en los años 50, y Richard Avedon a los famosos de los 60 y los 70, Pablo Pérez-Mínguez hace lo propio con una serie que podríamos bien llamar Los Modernos de la España del Cambio, donde se entrecruzan las miradas de los dos maestros citados, pero, añadiendo a la suya propia el concepto central de atmósfera en la imagen, tomado este de su admirado amigo Bernard Plossu, al que, en otro lado, define: »Amigo de la vida, transparente, exacto y romántico, fanático de lo simple, compañero, hermano y gran viajero, pero no de fronteras sino de olores». (2) En mi poder obra una carta que me remite con instrucciones detalladas a la hora de publicar una serie de fotos de Santiago Auserón, como parte de una entrevista que le habíamos realizado. En ella, P.P.M. muestra su desvelo como editor, que lo había sido, como decimos de Nueva Lente, y ello es algo que lo distinguía de otros fotógrafos que no ponían tanto interés en la manera de ver publicadas sus fotografías.

Finalmente, debo decir que si para P.P.M. la fotografía era un arte de colaboración, no menos lo puede ser el de mostrarla y exhibirla. Así, esta muestra está en deuda con muchas personas e instituciones. En primer lugar, esta exposición, que trata de reflejar el trabajo de P.P.M. como retratista conceptual, pop, kitsch, posmoderno y místico a través de todas sus etapas, se completa un biopic personal que nos muestra por primera vez imágenes inéditas de su periplo vital, en una cronología preparada por su sobrina Rocío Pérez-Mínguez. Sin el esfuerzo de Rocío, esto no hubiera sido posible. (3)

En segundo lugar, debo mencionar al Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, a su directora, Ma Nieves Sobrino García, que custodian una gran parte del legado P.P.M. de manera ejemplar; a los coleccionistas privados que tan amablemente han apoyado y aconsejado en el proceso de selección. En tercer lugar, al Centro de Arte Alcobendas, y su coordinadora, Paz Guadalix y su equipo de montaje, un centro que atesora una colección de fotografía nacional de primer orden; en cuarto lugar, a Eva Vizcarra, realizadora del documental producido por Endora Producciones, «P.P.M. Divertirse es un arte», premiado por la Comunidad de Madrid y que amablemente nos han cedido, y, al fin, a todas las personas que han colaborado en la formalización y materialización de esta exposición, y muy en especial al equipo de diseño que me ha acompañado en este proceso, encabezado Pablo Gonzalez de PeipeSl.

Aclaración nota I.

 

1 P.P.M. colaboró con La Luna de Madrid, desde el no O, y desde el 1, con su primer autorretrato en 1983, en el agua del mar, tras su visita al Balneario de Carratraca, hasta el final de la revista en 1988. P.P.M, junto con Bárbara Allende-Ouka Leele, Juan Ramón Yuste, Alberto García-Alix, Antonio Bueno, Jaime Gorospe, Gonzalo de la Serna, Ana Torralva, Eduardo Momeñe, Javier Campano, Juan Manuel Castro Prieto, Domingo. J Casas, Miguel Oriola, Humberto Rivas, Miguel Trillo, fueron, entre otros muchos, algunos de los fotógrafos que hicieron que la Luna de Madrid fuera posible, y la revista está marcada por todos ellos. De hecho, hicimos un número especial con la colaboración de Carlos Serrano GAH y Keko Yuste, dedicado a Nueva Lente, donde Pablo explicó su visión de la fotografía.

 

 

Aclaración nota II.

 

  1. Plossu, La Luna de Madrid, no 37, 1987.

 

 

Aclaración nota III.

 

Esta cronología pertenece a la biografía inédita de P.P.M. que Rocío Pérez-Mínguez acaba de finalizar y que deseo que pronto halle casa editorial, porque, al tiempo que sigue la peripecia de Pablo, resume todo un periodo crítico de la cultura moderna reciente en España, explicando muchas de las conexiones y relaciones entre artistas y movimientos creativos.

 

 

PHOTOESPAÑA 2021. La Movida revisitada por Pablo Pérez-Mínguez

Por Pablo Pérez-Mínguez. Fotobsesión. P.P.M., Guillermo Pérez Villalta y Santiago Auserón. 1985

PHOTOESPAÑA 2021. La Movida revisitada por Pablo Pérez-Mínguez

Por Pablo Pérez-Mínguez. Torero Cordero. Ignacio Gómez de Liaño, Nueva Lente. 1972

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