‘Utopia’, la obra de arte que no pudo culminar

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Utopía es, probablemente, una de las obras de arte del audiovisual más oscuras, adictivas e inteligentes que hay. Desde el primer capítulo, la serie británica logra hipnotizar al espectador, que es abducido por las energías, el misterio y el ambiente hostil que destila este thriller. Basta ver la primera escena para entender que el viaje que está a punto de empezar será escabroso e intrigante a partes iguales.

Un campo de cereales baila con el viento y el cielo está nublado. En las noticias anuncian que el precio de los alimentos se ha doblado y que hay parlamentarios que exigen que se declare una emergencia. Cambio de escenario. Una tienda de cómics. Un chico con una camiseta naranja lee un cómic y anuncia que han cerrado después que dos desconocidos aparezcan en escena. Uno de ellos deja una bolsa al suelo, amarilla, y saca un tubo de metal. El otro se acerca al dependiente del cómic y le pregunta “¿Dónde está?”. A partir de ahí, los acontecimientos se desarrollan ante la perplejidad del espectador, que en menos de cinco minutos habrá sido testigo de una escena desagradable, terrorífica y despiadada. En la cabeza, una única frase retumbando: “¿Where is Jessica Hyde?”. Ahí empieza Utopía. 

Pero sin duda, lo que perdura en la memoria de aquéllos que la hayan visto son sus colores saturados, impertinentes y fríos como la misma trama. El responsable de estos colores casi eléctricos se llama Ole Bratt Birkeland, y logra dotar el thriller de una personalidad espeluznante, de decadencia, todo muy de acuerdo con el sentido de la serie. Esta fantástica puesta en escena se conjuga a la perfección con la banda sonora: Cristobal Tapia de Veer y su ritmo techno, frenético y sincopado que todavía embellece más la verdadera esencia de Utopía.

Asimismo, los planos de Utopía son mayoritariamente abiertos, colocando los sujetos en puntos muy concretos de la pantalla, captando así toda la atención del espectador, que a estas alturas está entre perturbado y seducido por lo que ven sus ojos. A pesar de ello, también destacan las múltiples escenas en las que la simetría casi puede transportar el público a una película del magnífico Wes Anderson. La inteligencia que hay detrás de esta producción a la hora de ejecutar la ficción es palpable desde el primer instante. Todo está pensado al milímetro para incomodar desde el asiento y, a la vez, no poder apartar la mirada de la pantalla. 

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​La miniserie creada y escrita por Dennis Kelly consta de dos temporadas, cada una de ellas con seis capítulos de unos 45 minutos de duración. Es, según los críticos, un híbrido entre road movie y thriller, con una trama basada en conspiraciones, violencia, psicópatas, secretos e intriga hasta el último de los episodios. Aun así, el verdadero final de Utopía nunca llegó a grabarse. Si bien el creador trazó esta alocada producción para tener cuatro temporadas, Channel 4 decidió en 2014 no dar continuidad tras el estreno de la segunda. Lo que motivó esta decisión no está claro, existen conspiraciones (como en la serie) hasta para el final abrupto de la misma (en la vida real). 

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